59. El barro se acumula

«Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.»

Georg C. Lichtenberg, científico alemán

En aquellos meses. Petunia notó a Sancho un poco más apagado de lo normal. Tras la euforia provocada por la aprobación de la ley más progresista de la historia, la decepción se reflejaba en su rostro.

—¿Qué tal lo llevas, Sanchi?

—Es duro aguantar toda esta presión. Gobernar no es una tarea fácil. Y aunque posiblemente no haya nadie tan preparado como yo para esta labor, a veces me cuesta comprender cómo pueden algunos albergar tanta maldad en su interior. Uno hace una ley con la mejor intención del mundo y todo lo que recibe son críticas.

 —Aguanta, Sancho, sé fuerte. Hay muchos poderes ocultos luchando contra ti. No dejes que ganen, no sería justo.

—¿Sí, verdad? Fíjate, el otro día estaba leyendo ese periódico de la barrosfera…

—¿Has estado leyendo un panfleto de esos? ¿No te habrás pasado al enemigo? —respondió ella, con una carcajada.

—Jajaja, no. Pero a veces es bueno enterarse de lo que piensan los rivales. Para anticiparse.

—Claro, por eso eres tan buen estratega. ¿Y qué decía?

—Hacían una recopilación de los supuestos grandes escándalos de mi gobierno. Escándalos por los que, supuestamente, debería dimitir. En fin, como decía aquel anuncio: «alucina, vecina».

—Ellos sí que alucinan de verdad. ¿Y qué ponían? ¿Lo de siempre? ¿Que viajas mucho en el Eagle? Pues claro, un presidente tiene que viajar en avión.

—Son muy fantasiosos. Según ellos, en otros países hay políticos que han dimitido por asuntos similares o incluso mucho menores, jajaja. ¿De dónde sacarán esas ideas? De las redes sociales, seguro. Voy a tener que hacer una ley para controlar las cosas que se publican. Si no, hay muchísima desinformación, demasiados bulos.

[…]

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