«Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen.»
Otto von Bismarck, político alemán
—Será una ley única, que nos sitúa a la vanguardia del progresismo y el feminismo en toda Europa. ¿Qué digo Europa? En todo el mundo. Una norma pionera, que pronto será reconocida como tal y copiada por las más avanzadas democracias.
El atronador aplauso del auditorio hizo que Sancho esbozara una sonrisa. La norma había sido promovida por Consigamos, pero su aprobación por parte del gobierno de coalición que él presidía le permitía ahora apropiarse de ella, como si fuera suya, para presentarse como el paladín del feminismo.
La idea primigenia de la ley era de Idoia Morán, la ministra de Igualdad, por lo que mucha gente la conocía como ley Sissi, ya que así era conocida en determinados círculos (en referencia a la conocida emperatriz austríaca), por los aires de grandeza que se daba.
Su confección había supuesto no pocas fricciones entre las dos facciones del Gobierno. Consigamos quería anotarse los méritos de haber llevado adelante una norma tan avanzada, pero Progreso Social también quería ser visto como el máximo defensor del progresismo y el feminismo.
Además del alcance de la propia ley o de las cuestiones prácticas, ambos partidos estaban en desacuerdo con el enfoque general que debía tener. Los ministros de Progreso Social acusaban a los de Consigamos de haber hecho una norma técnicamente deficiente, mientras que estos señalaban que los primeros eran poco ambiciosos en los planteamientos.
La situación había llegado a un punto de bloqueo que solo podía deshacerse con la intervención de los líderes de los dos partidos, Sancho Pérez y Toni Docabo.
—Sancho, esto no puede seguir así. Estáis boicoteando nuestra ley. Una norma fundamental para el desarrollo de los derechos en este país. Y especialmente para nuestro partido, que ha hecho bandera del feminismo desde sus inicios.
—Te entiendo, Toni. Pero si hay un partido feminista es el nuestro. Y es evidente que no compartimos los mismos principios del feminismo. Además, la ley que habéis diseñado es… mejorable, por decirlo suavemente.
—Observo ramalazos machistas en esa afirmación. Yo creo que vuestro problema es que no queréis avanzar de verdad en los derechos de las mujeres.
[…]





