11. La moción de censura

«La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular.»

Edmond Thiaudière, filósofo francés

Sancho se había reunido con los integrantes de su comité de dirección para analizar la posibilidad de una moción de censura. Llevaban horas encerrados y comenzaban a vislumbrar la luz.

—Pero entonces, ¿es factible?

—Hombre, los números dan —dijo Vert, de manera cauta—. Pero hay que hilar muy fino. Al fin y al cabo, solo contamos con poco más de la cuarta parte de los escaños.

—Hazme un resumen de la situación.

—Mira, hay que cerrar un acuerdo con el Partido de Izquierda Independentista (PII), con la Izquierda Republicana Nacional (IRN), Nacionalistas Unidos (NU), el Partido Localista Singular (PLS) y con otros seis o siete pequeños partidos. Además, claro está, de Consigamos. De hecho, hemos llegado al posible diseño de esta operación con la participación y las aportaciones de Toni Docabo.

Consigamos era el principal rival de Progreso Social dentro de su bloque ideológico. Tras unos buenos resultados en las europeas, había obtenido un importante número de escaños en las últimas elecciones generales.

—No es fácil —confirmó Sancho—. De todos esos no sé con quién prefiero pactar. Está el caso del PII, que siempre hemos dicho que nunca pactaremos con ellos. Pero ¿sabes lo que veo todavía menos claro, lo que realmente me quita el sueño? Pactar con Consigamos.

[…]

—Sancho, lo tenemos. O casi. He conseguido el visto bueno de Nacionalistas Unidos, pero me han dicho que únicamente en el caso de que hayamos llegado a un acuerdo con Consigamos.

—¿Pero lo de Consigamos no estaba ya cerrado?

—Sí, pero ahora quieren una cosita más.

«Ini quisiti mis. Mira que es difícil llegar a presidente.»

—¿Y qué desean ahora?

—No lo sé exactamente. Toni Docabo, su líder, quiere hablar contigo en persona.

—Vale, está bien, tomaré las riendas directamente. A veces es mejor hacer las cosas que mandarlas —masculló.

***

Sancho se citó con Toni Docabo para el día siguiente. Habían quedado a las doce de la mañana en la sede del PS, y quiso preparar la reunión a conciencia. Escogió su mejor traje, una corbata que le había regalado Petunia y sus calcetines de la suerte. En la sala de reuniones puso varias jarras de café, leche, agua para tomar una infusión y un gran surtido de estas. Incluyó también una caja de bombones belgas que tenía de las navidades anteriores y unos pastelillos caseros que había traído un compañero, por si al líder del otro partido le apetecía comer algo. Estaba nervioso como si fuera una cita.

[…]

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