29. La repetición electoral

«La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema.»

Woody Allen, cineasta estadounidense

La repetición electoral supuso un considerable vuelco respecto a la situación de tan solo unos meses antes. El PS se mantenía apenas sin variaciones (incluso tenía unos escaños menos), pero el desplome de Centristas —lastrados por la estrategia de Sancho de enfocarlos como los culpables de no llegar a un acuerdo— hacía ahora inviable cualquier mayoría absoluta.

De esta manera, el parlamento se dividía de manera casi simétrica entre los dos bloques ideológicos principales, pero con multitud de pequeños partidos. Una situación muy compleja, pero a la que Sancho esperaba sacarle más partido. Al día siguiente de las elecciones, se reunió con su equipo de dirección.

—Compañeras y compañeros, tal y como había vaticinado, hemos ganado claramente las elecciones. Estamos un poco por debajo de lo que me hubiera gustado —reconoció— pero estamos mejor de cara a lo que realmente interesa, que es formar gobierno.

Algunos integrantes del comité le miraron extrañados. ¿Cómo podían estar mejor ahora, con esa situación tan fragmentada?

—Sé que os estaréis preguntando por qué estamos mejor, yo os ilustraré —dijo, con una amplia sonrisa—. Si hubiéramos pactado con Centristas, tendríamos un socio más o menos fuerte en el Ejecutivo; mientras que ahora, si pactamos con Consigamos, su fuerza relativa es mucho menor.

—Claro, tienes razón, ahora que lo dices, se ve mucho más claro —alabó Juana Barros.

—Yo tengo una duda —intervino Vert—. Es cierto que, de esta manera, Consigamos no nos puede pedir mucho a cambio de entrar en ese hipotético gobierno. Pero, por otro lado, la suma de sus escaños con los nuestros está muy lejos de la mayoría absoluta. ¿Cómo se conjuga eso?

—Geometría variable, amigo —respondió Sancho. Buscaremos acuerdos con algunos partidos pequeños, y con el resto iremos pactando medidas a medida que lo necesitemos, concediéndoles cositas que nos pidan a cambio.

—Yo tengo otra cosa aquí anotada. No sé cómo decírtela, no quiero que lo interpretes mal —dudó la vicepresidenta, temiendo que Sancho se enfadara con ella.

—No te preocupes, Juani —así la llamaban en confianza—. Estamos aquí para hablar las cosas con libertad, puedes decir lo que consideres necesario.

Mientras esperaba su respuesta, la mandíbula de Sancho se tensó notablemente, contradiciendo lo que acababa de expresar. En cualquier caso, Juana Barros estaba mirando el papel que tenía delante y no se dio cuenta.

—Gracias. El caso es que —dijo ella, recolocándose las gafas, para conseguir un enfoque perfecto— en una entrevista reciente comentaste que no harías un gobierno de coalición con ellos, porque te quitaría el sueño, como a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Es una frase bastante nítida, de la que es muy difícil desdecirse.

—Eso puede resolverse —Sancho miró su reloj—. Diré que me refería a una situación concreta, en la que Consigamos pretendía gestionar ministerios importantes, como el de Caudales Públicos, y yo no podía permitir eso.

—Ay, no. El de Caudales Públicos, no, que es el mío —respondió rápidamente Barros.

—Por eso, por eso. A ellos les daré algunos ministerios poco relevantes, pero se los venderé como si fueran los mejores. Es un partido que ha nacido en las calles, del activismo. Por eso, les encantará lo que les voy a ofrecer dentro de un rato.

—¿Dentro de un rato, has dicho? —intervino Vert.

—Sí —Sancho volvió a mirar su reloj—. Os tengo que dejar, en diez minutos he quedado con Toni Docabo, el líder de Consigamos, para cerrar el acuerdo.

—¿Has quedado con él? ¿Tan pronto?

Juana Barros creía que aquella reunión era para debatir sobre la estrategia a seguir en los próximos tiempos; o, por lo menos, así lo reflejaba el acta que habían recibido esa misma mañana. Pero, al parecer, Sancho había cambiado de opinión posteriormente.

[…]

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