13. El día D

«El poder desgasta a quien no lo tiene.»

Giulio Andreotti, político italiano

Por fin llegó el día y los nervios estaban a flor de piel. Nunca antes había triunfado una moción de censura para reemplazar al gobierno. Sí que se habían producido otras con anterioridad, pero planteadas más bien como toque de atención al Ejecutivo, o como «presentación en sociedad» de una propuesta política.

Sancho había repetido hasta la saciedad el discurso que iba a pronunciar, lo llevaba bien aprendido. No obstante, cogió sus papeles y se encaminó hacia la tarima de oradores con paso firme. Era un momento histórico.

En un monólogo algo tedioso (a propósito, según confesaría luego a sus colaboradores más cercanos), Sancho fue desgranando las medidas urgentes de «regeneración democrática» que tenía que tomar, ante la corrupción generalizada que había en el gobierno del PdP. Con una cadencia casi milimétrica, repetía la palabra corrupción cada pocos párrafos.

Cuando los diputados de algunos partidos empezaban a mirar su reloj con insistencia y a juguetear con sus móviles, llegó el momento final:

—Y con esto concluyo, señor presidente —dijo, girándose hacia la tribuna—. Así, señorías, tras ocuparme de estos asuntos verdaderamente urgentes, que el Partido del Pueblo ha dejado sin arreglar, bien por ignorancia o bien por desidia, cuando no a propósito (siempre había que soltar algún zasca a los rivales)… convocaré elecciones cuanto antes me sea posible —terminó.

Su grupo parlamentario comenzó a aplaudir, pero los componentes del resto de partidos que apoyaban la iniciativa se quedaron momentáneamente paralizados. Las conversaciones en susurros se generalizaron, mientras sonaban docenas de wasaps. El teléfono de Toni Docabo, el líder de Consigamos, casi se colapsa ante la avalancha de mensajes.

—¿WTF?!!

—¿Qué ha pasado?

—¿Qué m***** es esa? —dijo otro más expeditivo.

—¿Cómo que cuanto antes sea posible? Tiene que convocarlas ya.

—Señorías, va a comenzar la votación —interrumpió el presidente del Congreso.

—¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?

Los nervios estaban a flor de piel en la sede parlamentaria, todos mirándose unos a otros. Había que decidir algo. Toni Docabo optó por tirar hacia delante.

—Mira, vamos a votar que sí, lo importante es echar al Partido del Pueblo, después ya veremos —le dijo a Idoia Morán, la parlamentaria que se sentaba a su lado—. Al fin y al cabo, Progreso Social va a seguir necesitando nuestro apoyo.

Finalmente, la moción de censura salió adelante con el apoyo del PS, Consigamos y otros partidos más pequeños. La arriesgada jugada de Sancho había salido bien. No solo iba a ser presidente, sino que iba a formar gobierno.

El líder del Partido del Pueblo, cabizbajo, dio la mano a Sancho. Mientras, los parlamentarios de los partidos que habían apoyado la moción aplaudían, puestos en pie.

—Una victoria es una victoria, ¿no? —comentaban entre sí dos miembros de Consigamos—. Aunque nos la haya colado en el último momento.

—Sí, siempre es mejor estar en el lado ganador —apostilló Docabo, que estaba cerca.

«Qué bien rapea nuestro líder —pensó uno de ellos—. Le pones una base rítmica por debajo y lo peta.»

[…]

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