28. Pactar o no pactar

«En política lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno.»

Konrad Adenauer, político alemán

Las siguientes elecciones dieron la razón a Sancho. Tal y como se esperaba, y a pesar de las dificultades y algunos tropiezos destacados del «gobierno bonito», Progreso Social mejoró mucho sus resultados, incrementando casi en un 50% los escaños conseguidos en las anteriores.

Como solía decir él, a la gente le gustaba «apostar al caballo ganador», y desde el gobierno había invertido muchos millones en favorecer a diversos colectivos. Por ello, ir a la cita electoral desde esa posición era un importante plus, que en las urnas se traducía en muchos votos.

Por su parte, Consigamos mantuvo una base social todavía bastante amplia, aunque menguante, y el Partido del Pueblo —que apenas unos años antes estaba gobernando cómodamente— se desplomó ante la fuerza de otro de los partidos nuevos, Centristas.

En la legislatura anterior, Sancho y el líder de Centristas, Jon Recart, habían firmado un pacto que, si bien no servía para nada en aquel momento, demostraba que ambas formaciones podían llegar a acuerdos, que tenían muchos puntos en común.

El resultado electoral en estas elecciones le había proporcionado la victoria a Sancho, pero solo había una combinación clara para formar un gobierno: hacerlo con el partido de Recart. Entre ambos tenían mayoría absoluta y podrían llevar a cabo políticas como las que ya habían firmado en su momento. Por si fuera poco, estas políticas eran bien vistas por amplios sectores de la sociedad, así como por diversos grupos de poder, que preferían apostar por la estabilidad y la moderación.

Sin embargo, esta posibilidad no acababa de convencer a Sancho. La campaña había sido dura y había tenido diversos rifirrafes con el líder de Centristas. Además, era tan guapo (o casi) como él, y tenía una gran habilidad dialéctica. Si nombraba vicepresidente a ese tipo, era capaz de opacarle, de «comerle la tostada», como le gustaba decir.

Había recibido ya varias llamadas felicitándolo por la victoria, y en casi todas daban por hecho o le sugerían el pacto con el partido de centro. Prudentemente, Sancho optó en todos los casos por no confirmar ni desmentir la posibilidad del acuerdo y cuanto más lo pensaba, menos claro lo tenía. Solo había una persona con la que podía hablarlo, así que se encerró en su despacho, antes de salir al balcón de la sede de su partido, a celebrarlo con la militancia. Cogió su diario y comenzó a escribir.

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