«Nadie tiene más posibilidades de caer en el engaño
que aquel para quien la mentira se ajusta a sus deseos.»
Jorge Bucay, escritor argentino
En las elecciones regionales, Sancho colocó como candidato a Carles Font, un estrecho colaborador que había tenido una gestión manifiestamente mejorable como ministro de Asuntos Sanitarios. Había seguido los consejos de Petunia, que, como experta en marketing, subrayó que lo importante era que fuera conocido por la gente, y no tanto lo que hubiera hecho o dejado de hacer. Font ganó las elecciones, para sorpresa de casi todos, pero no de Sancho.
—Lo hemos conseguido, es una victoria histórica —gritó Font, que habitualmente era muy comedido. Resultaba extraño verle así, tan exaltado.
—Sí, no esperaba menos. He invertido mucho en tu región para conseguirla —explicó Sancho.
—Y ahora, ¿qué vamos a hacer? Los números podrían darnos para formar gobierno, pero tendríamos que pactar con Izquierda Republicana Nacional. Y tal y como les han ido las elecciones, quizás no quieran.
—Querrán, querrán, no te preocupes. Tú déjamelos a mí. Todo es cuestión de negociar.
—Ya, pero, ¿van a dejar gobernar a un partido no nacionalista?
—Carles, que estamos solos, no hay nadie escuchándonos —rio Sancho—. A efectos de tu región, Progreso Social es un partido tan nacionalista como el que más. No dejes que te miren por encima del hombro.
—Sí, es verdad. Por cierto, supongo que, ya que somos del mismo partido, me darás más dinero a mí que a otras regiones, ¿no?
—No te preocupes por eso. Ten por seguro que, cuando negocie con IRN, ese va a ser uno de los temas fundamentales. Dinero para tu región no va a faltar, tenlo por seguro.
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