«Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.»
Groucho Marx, actor estadounidense
—¡Holi! ¡Qué ganas tenía de veros, hacía tiempo que no quedábamos!
Petunia llegaba solo cinco minutos tarde, pero Laura y Sonia ya estaban allí esperándola, mientras se tomaban un smoothie.
—Oye, qué buena pinta tiene eso que estáis bebiendo —añadió—. Pedidme uno, mientras yo me voy a retocar al baño.
—¡Jo, tía! ¿Has visto? ¿Para qué se va a retocar, si viene perfecta?
Cuando Petunia regresó, sus dos amigas charlaban animadamente.
—¿Y qué tal está usted, señora presidenta? A este paso, ya pensábamos que íbamos a tener que pedir una cita a tu secretaria para poder verte.
—Sí, bueno, no lo descartes, ¿eh? Jajaja. ¿De qué hablabais?
—Le estaba comentando a Lauri que he estado viendo la serie de las Kardashian. ¡Qué pasada, qué lujo, qué bien se lo montan! Esas sí que viven bien.
—No sé qué gracia le veis. Unas chicas que no saben muy bien cómo se ganan la vida, contando qué hacen en su día a día.
—Es mejor que aquello que había de Gran Hermano, allí salían unos tipos que nadie conocía. Y llegó a haber millones de personas que se engancharon para ver cómo pasaban el día. Por lo menos, aquí ves cómo transcurre el día de los famosos. Sacias tu curiosidad y, de paso, te mueres un poquito de envidia también.
—Oye, Laura, precisamente aquí tenemos con nosotros a una famosa —señaló con la mano a Petunia—. ¿Qué tal lleva su vida de lujo y fama, señora presidenta? —preguntó Sonia, poniendo la copa delante de la boca de su amiga, a modo de micrófono.
—Sí, eso. Díganos, para el «Jotías Post», ¿qué tal le atiende el servicio? —inquirió a su vez Laura, poniéndole otro micrófono ficticio delante.
—Ay, qué tontas sois, tías, de verdad. Oye, esto lo tenéis preparado, ¿no? Primero habláis de las Kardashian y ahora me preguntáis estas cosas.
Tras mirarse brevemente entre ellas, Laura y Sonia se lo confirmaron.
—Sí, la verdad es que nos pica un poquito la curiosidad. ¿Cómo es el palacio? ¿Hay mucha gente para atenderos? ¿Os hacen todo? ¿Haces tú la colada? ¿Cocinas? ¿Planchas?
—Bueno, bueno. Las preguntas, una a una. A ver, la del Jotías Post —dijo Petunia, siguiendo la broma—. ¿Qué deseas saber?
—Empezaré por algo básico, señora presidenta. ¿Hacen ustedes la cama?
—No, no la hacemos. Es como si estuviéramos en un hotel, en ese sentido.
—Para El diario de Sonia. ¿Y qué tal el tema de la ropa? ¿Pone usted la lavadora? ¿La tiende? ¿La plancha?
—La verdad es que no, hay servicio de lavandería y tintorería.
—Qué bien viven algunas.
—Y algunos —puntualizó Petunia—. Pero es que no puede ser de otro modo. Tenemos que ocuparnos de otras cosas. ¿O acaso os imagináis al señor presidente teniendo que tender unos calcetines? Jajaja.
Sus amigas se unieron a su carcajada. La verdad es que tenía gracia imaginarse a Sancho colocando unas pinzas a un montón de calcetines en un pequeño tendedero portátil.
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