—Y por eso, conciudadanos y conciudadanas, construiremos una gran muralla para evitar que gobiernen la derecha y la ultraderecha. ¿Queréis que gobiernen la derecha y la ultraderecha?
—Nooooooo —contestó el público asistente al mitin.
—¿Preferís un gobierno de progreso o un gobierno de recortes?
—Progreeeeesoo.
—¿Sanidad pública o privatización de los servicios?
—Saaanidad públicaaa.
A Sancho le encantaba este juego. En todos sus mítines establecía dicotomías en las cuales la elección resultaba muy sencilla, para interactuar con el público y hacer ver las bondades de elegirlo a él. En caso de duda, como bien sabían sus mayores fans, la primera alternativa siempre era la buena.
—¿Un presidente guapo o un soso como el del PdP?
—Un presidente guaaaapoooo. Presidente, presidente…
En la última disyuntiva se la había jugado un poco. No porque no fuera más guapo que el candidato del otro partido, pero alguno de sus asesores le habían dicho que tampoco había que pasarse. ¡Qué sabrían ellos! Sancho conocía perfectamente a su público.
Pues todo eso es lo que vais a tener. Porque este país se lo merece —dijo, alzando la voz, mientras comenzaba su retirada hacia el camerino.
***
—¿Qué tal he estado?
—Fantástico, como siempre.
La ministra de Caudales Públicos, Juana Barros, le contestó con su habitual entusiasmo, pero su aspecto denotaba el cansancio que arrastraba desde hacía días. La gira por todo el país se le estaba haciendo muy larga, algo de lo que Sancho se dio cuenta.
—Te veo cansada.
—Sí, es verdad. Me preguntaba hasta qué punto tienen sentido estos mítines. Hacemos un gran esfuerzo recorriendo miles de kilómetros, para convencer a gente que al fin y al cabo ya nos iba a votar. Porque los que vienen a los mítines ya son nuestros militantes y simpatizantes, ¿no?
—Sí, pero precisamente son necesarios para darles ánimos, para «mantener prietas las filas» —añadió Sancho, haciendo el gesto de las comillas mientras decía las últimas palabras—. Especialmente, en esta etapa que estamos viviendo, en la que no hacemos más que recibir ataques de la barrosfera.
—Entiendo. Por cierto, ¿cómo va lo de la promoción de la ministra de Ecología para el puesto en la Unión Temporal de Estados Europeos (UTEE)?
—Ahora se ha complicado un poco porque estos del PdP no hacen más que embarrar el terreno de juego. Pero no te preocupes, que «tito Sancho» lo solucionará, como siempre —explicó, mientras se señalaba a sí mismo.
***
Unos días después, Sancho llamó a Juana Barros a su despacho para contarle las últimas gestiones que había hecho.
—Ya lo he solucionado. He conseguido que la UTEE nombre consejera a nuestra ministra de ecología.
—Ah, ¿sí? ¿Y cómo lo has hecho?
—He hecho un pacto para que se elija conjuntamente a varios miembros del consejo.
—¿Incluidos los propuestos por Italia y Hungría?
—Sí, claro. Cada país tiene derecho a proponer a sus candidatos.
—Pero, ¿esos no eran de ultraderecha?
—Sí… creo que sí. Bueno, qué más da. El caso es que la nuestra ha entrado, ¿no?
—Pero, ¿no dices siempre que entre nuestros principios básicos está la lucha contra la derecha y la ultraderecha? ¿Que estamos aquí para evitar que tengan cuotas de poder?
—Sí, pero a veces hay que hacer de la necesidad, virtud. Y en cualquier caso, como decía Marx, que para eso era un gran líder de la izquierda, «estos son mis principios; si no le gustan tengo otros» —terminó Sancho, con una carcajada.
—Esto… no es por nada —respondió Juana Barros—. Pero creo que esa frase es de Groucho Marx, no de Karl Marx.
—Groucho, Karl, qué más da. Hazme caso, aquí lo importante era el sillón de nuestra ministra en la UTEE.
—Pero, ¿y si ahora la gente ya no nos cree cuando digamos lo del muro contra la derecha y la ultraderecha?
—Tranquila, nos creerán. Siempre me creen, diga una cosa o la contraria, jajaja.
Contenido Extra: Los principios
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