Todo es falso

—¡Brrrrrr!

La situación se volvía a repetir, y Sancho estaba ya cansado. Tenía que tomar una decisión al respecto. No sabía si era cuestión de desidia, ineptitud o simplemente mala memoria, porque él había dado instrucciones muy claras. Pero parecía que todo el mundo iba por libre.

Se levantó de su asiento con energía y cogió su teléfono para convocar a todas las partes implicadas a una reunión urgente. El mensaje terminaba así:

«Debido a la obstinada repetición de los hechos antes relatados, mi persona se ve obligada a convocar este encuentro, al que deberán asistir los emplazados a las once de la mañana del día de hoy. De no hacerlo, tomaré las medidas oportunas.»

—Me fastidia tener que hacer las cosas de esta manera —se dijo Sancho en voz alta—. Pero parece que, si no, algunos no aprenden.

Para sorpresa de Sancho (a pesar de sus amenazantes palabras, no confiaba mucho en ello), los convocados a la reunión acudieron a ella con una exquisita puntualidad.

***

—¿Qué sucede, Sancho? ¿Por qué nos has convocado de esta manera?

Alrededor de la mesa de reuniones se hallaban algunas de las personas más importantes del país —por lo menos, en opinión de Sancho—. Además de él mismo, allí estaban Petunia y las dos hijas que ambos tenían en común.

—Eso, bro —añadió la menor de sus dos descendientes—. ¿A qué vienen tantas prisas?

—Ha vuelto a pasar. Y ya no puedo aguantar más, esto parece una rebelión.

—¿Qué es eso que ha vuelto a pasar, pa? —intervino la hija mayor.

 «Por lo menos, no me llama «bro» como la otra.»

—Alguien ha vuelto a dejar el tubo de cartón del papel higiénico en el soporte, sin poner un rollo nuevo —explicó Sancho—. Y quiero saber quién ha sido —añadió, mientras paseaba la vista por las tres integrantes de su familia.

—Yo no he sido —anunció la hija menor, sin dejar de hacer scroll en la pantalla de su iPhone.

—Huy, pues yo menos —dijo la mayor—. Siempre lo pongo si se me termina.

—Pues entonces, a ver quién ha sido. Porque yo, seguro que tampoco —afirmó Petunia—. Oye, ¿no serías tú, entonces?

—¿Cómo iba a ser yo? Si precisamente soy yo quien os he llamado.

—Bueno, pa, tienes muchas cosas en la cabeza. A lo mejor has sido tú y no te has dado cuenta —intervino la hija mayor.

—Que no, que yo no he sido. Así que habéis tenido que ser una de vosotras.

Petunia y sus dos hijas se miraron entre ellas, mientras Sancho las observaba, sin saber qué pensar. Hasta que su mujer interrumpió el silencio.

—Oye, ¿y si ha sido un fantasma? ¿No has oído hablar del fantasma del palacio?

—Bueno, lo que me faltaba por oír —bramó Sancho—. ¡Menuda inventada! Qué fantasma ni fantasmo. ¿Cómo va a haber un fantasma en este palacio?

—Podría ser, bro —intervino la pequeña—. Precisamente ayer estuve oyendo un podcast sobre psicofonías y apariciones sobrenaturales, que lo flipas. Y yo también he escuchado conversaciones del personal hablando de «el fantasma del palacio».

—No sé si me estáis tomando el pelo —respondió el presidente—. Pero no me queda más remedio que tomar medidas. Voy a instalar cámaras en los cuartos de baño; así podré ver quién se «olvida» de poner un nuevo rollo.

—No puedes instalar cámaras, va en contra de la ley de protección de datos —informó su hija mayor—. Hay un derecho a la intimidad, ¿sabes?

—No hay quién pueda con vosotras —dijo Sancho, levantándose de su asiento—. Sois peores que mis ministros. Ya lo cambiaré yo. ¡Siempre me tengo que encargar de todo!

Contenido Extra: Todo es falso

Descargar capítulo completo

Enviar enlace de descarga a:

Confirmo que he leído y estoy de acuerdo con la política de privacidad.

Deja un comentario