«La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar.»
Tom Hanks, en la película Forrest Gump
A la mañana siguiente, Sancho estaba en su despacho, ojeando la prensa, cuando recibió la visita de la ministra de Caudales Públicos, Juana Barros, que venía cargada de papeles.
—Perdona que te interrumpa, Sancho, sé que estás muy ocupado.
—Pasa, Juana, no te preocupes —respondió él, de buen humor—. Precisamente estaba viendo las reacciones al mitin que di ayer, creo que aún tenemos posibilidades de remontar. Un par de promesas impactantes más, no sé, algo sobre vivienda o cosas de esas que puedan interesar a la gente, y estamos ya casi a la par del PdP.
—Precisamente te quería hablar de algo relacionado con ese tema. ¿Puedo sentarme?
Sancho le hizo un gesto con la mano para que tomase asiento, mientras adoptaba una postura de escucha, tal y como le había enseñado un asesor de debates.
—Mira, he traído unos cuantos datos para verlos contigo. Estuve ayer por la noche preparándolos con un técnico del ministerio —comenzó a sacar un montón de tablas y gráficas a todo color—. Ya sabes que no soy muy amiga del Excel, pero…
—Sí, te comprendo —dijo Sancho, haciendo un gesto hacia su vieja calculadora Casio.
—Es que hay cifras que no las aguanta ni el papel, y eso que se suele decir que lo soporta todo —continuó ella, poniéndose las gafas para ver mejor de cerca.
«Pero esta quién es, que me la han cambiado. Y no lo digo por las gafas. ¿Está criticando nuestras cifras económicas?»
—¿Qué quieres decir? No veo a dónde quieres ir a parar con todo eso. Pareces de la oposición.
[…]





