«Sé amable con la gente en tu ascenso, pues lo más probable
es que te los reencuentres en la bajada.»
Jimmy Durante, actor estadounidense
—Y de esta manera, pondré en marcha el décimo y el onceavo pilar del bienestar. ¡Porque mi única preocupación es que viváis mejor!
Sancho finalizó su mitin con esta frase, entre una atronadora ovación de sus fans. Mientras recibía los aplausos, rememoró lo que le había explicado un asesor momentos antes de salir al estrado.
— Recuerda, Sancho, no se dice onceavo. Como es un ordinal, tienes que utilizar undécimo o decimoprimero. Si empleas onceavo, parece que estás troceando el estado del bienestar en cachitos —explicó el ayudante, haciendo un chiste. Le habían contado que Sancho tenía mucho sentido del humor.
«Si dicis inciivi, pirici qui istís triciindi il istidi dil biinistir. Ñi ñi ñi.»
—Este va a durar poco de asesor —masculló entre dientes.
***
Terminado el acto, y como era habitual en estos casos, diversas personas se acercaron a saludar a Sancho. No era algo que le gustara especialmente, porque siempre lo daba todo en sus discursos y terminaba agotado, pero sus asesores le decían que había que hacerlo, porque de allí se sacaban muy buenas fotografías para ilustrar la unión del partido con «el pueblo».
Entre las personas que hacían cola para intercambiar unas palabras con él había una que llamó especialmente su atención, dado que su apariencia no encajaba mucho en el perfil de lo que él consideraba sus votantes: la clase media y trabajadora. Al pensar esto, sonrió con nostalgia al recordar a su viejo amigo Vert, que después de los mítines siempre le decía:
—Sancho, ¿por qué siempre dices clase media y trabajadora? ¿Qué insinúas? ¿Que hay gente de la clase media que no trabaja? ¿Que hay gente trabajadora que no es de la clase media? ¿Que solo nos apoyan los que cumplan las dos condiciones? Jajaja.
Inmerso en sus pensamientos, fue intercambiando saludos «en modo piloto automático» y, cuando se quiso dar cuenta, tenía a la persona que había llamado su atención delante de él, con una sonrisa de oreja a oreja.
Con un rápido vistazo confirmó de cerca la impresión que había tenido de lejos. A su entender, la joven respondía más bien a los cánones del votante del Partido del Pueblo. A pesar de la deficiente iluminación que había en aquel pabellón, la calidad de su espectacular vestido saltaba a la vista; probablemente el 99% de los asistentes no pudieran pagarlo con su salario mensual. Sobre su cuello lucía una preciosa gargantilla, a juego con los pendientes, con unas luminosas piedras que Sancho apostaría sin dudar a que eran diamantes. Los zapatos de diseñador con suela roja, un espectacular peinado de peluquería y un cuidadísimo maquillaje hacían parecer que la joven iba a una boda en lugar de a un mitin.
«Puede que sea una influencer. El éxito que tuve en el podcast de La Choni y El Canalla quizás la haya traído hasta aquí, para sacar tajada. Seguro que me pide una foto.»
—Hola, Sancho, ¿qué tal? Cuánto tiempo, tenía ganas de volverte a ver.
Por un momento, el presidente se quedó descolocado. ¿Se conocían de antes? Quizás la cara le sonaba de algo, y aquella voz… Era difícil de decir, conocía a mucha gente. Decidió utilizar su respuesta estándar en estos casos.
—Ah, hola, ¿qué tal? Sí, qué bien que nos hayamos vuelto a ver. ¿Qué me cuentas?
[…]





