¿Dónde está Wally?

—Que no, que no lo conozco de nada.

—¿Estás seguro, Sanchi? Mira que después pasa lo que pasa. Mírame a mí, que tampoco conocía apenas a ese empresario, y el barrosférico del juez me ha imputado.

—Petu, yo a ese no lo conozco. Mañana haré una declaración institucional y lo dejaré bien claro, para que no haya dudas.

—Vale, vale, no te pongas así, yo te creo. Ya sabes que pondría la mano en el fuego por ti.

Al día siguiente, Sancho convocó a los medios de comunicación en el palacio presidencial, para una «importante declaración». Aunque algunos aún estaban escaldados de aquella ocasión en la que parecía que iba a dimitir y quedó en nada, prácticamente todos acudieron al evento para ver qué quería «comunicar el presidente a la ciudadanía». Por supuesto, la comunicación era unidireccional, por lo que no se admitían preguntas.

—No suele ser habitual que me dirija a ustedes a través de una comunicación institucional —comenzó el presidente, con tono serio—. Sin embargo, ante la gravedad de las acusaciones que he recibido y con la necesidad de dar una respuesta a las mismas, he decidido utilizar esta vía para expresar la realidad de las cosas (al pronunciar las cuatro últimas palabras, contuvo el deseo de hacer el gesto de las comillas con las manos).

—Diversos medios de comunicación han publicado —continuó Sancho— que yo me he reunido en alguna ocasión con el comisionista Héctor Bandana. Quiero informar desde aquí que nunca lo he hecho, que ni siquiera lo conozco —enfatizó—. Por lo tanto, y en aras de la calidad democrática, ruego a todos los medios que se abstengan de colaborar con los bulos, las infamias, las calumnias y las insidias que circulan con relación a mi persona. En caso de que alguno persista en dicha actitud, sepan que el peso de la ley caerá sobre ustedes. Ya saben que la justicia es igual para todos, y no se puede admitir que nadie difame sin que reciba el pertinente castigo —terminó, entre un leve abucheo por parte de algunos de los presentes.

***

Unos días después, un «tabloide digital» (como los denominaba Sancho) publicó una foto suya con el comisionista Bandana. Al parecer, se la habían hecho tras un mitin, en un espacio reservado y, por tanto, no accesible al público en general. El propio Bandana había declarado ante los medios que estaba claro que sí que se conocían, en contra de lo afirmado por el presidente.

—Sancho, no me gustaría quemarme —dijo Petunia, entre enfadada y perpleja—. ¿No era que no conocías de nada al tal Bandana?

—A ver… O sea, ¡menuda inventada! Mira que no me saco yo fotos con gente, todos los días. ¿Y eso quiere decir que los conozca? No seas pichona, Petu. No caigas en el juego de la barrosfera.

—Vale, vale, cómo te pones, chico. Lo decía por ti, precisamente. Que ya sé que estos medios ultra tratan de sacar tajada de cualquier minucia.

***

Unas semanas más tarde, salieron a la luz nuevos detalles. El comisionista Bandana no solo estaba implicado en una trama de presunta corrupción con el que entonces era ministro de transportes, Joan Vert, sino que prácticamente trataba con medio gobierno, incluyendo varios ministros y secretarios de estado. Sancho reunió a varios de sus más estrechos colaboradores.

—¿Alguien conoce realmente a este tal Bandana?

—No, ni de lejos —respondió la ministra de Caudales Públicos, Juana Barros, con gran celeridad.

—Pues aquí dicen que tenía tratos con tu jefe de gabinete.

—A ver, Sancho, ¿a quién vas a creer? ¿A ese comisionista, o a mí? Te digo yo que mi jefe de gabinete es una persona pulcra, limpia, intachable.

—¿Y tú? —le preguntó el presidente a la ministra de industria—. ¿Lo conoces?

—De oídas, nada más. No tengo ninguna relación con él.

—¿Y contigo? —preguntó Sancho a la de economía.

—Tampoco, tampoco. Nada que ver —contestó rápidamente.

—Pues ya está, no hay caso. No hay nada. Voy a decir que si tiene pruebas, que las muestre.

—Esto… Sancho… Tampoco hay por qué provocarle, ¿no?

—Claro que sí. Qué se ha creído ese, no sabe con quién está jugando —respondió Sancho enfadado, mientras todos tragaban saliva.

***

La oposición preguntaba cada día a Sancho por los distintos casos de corrupción en los que parecía que siempre aparecía Bandana, por lo que el presidente decidió finalmente subir la apuesta.

—Yo, a este señor no lo conozco de nada. Ni yo, ni los componentes de este gabinete. Este es un gobierno limpio. Es un presunto delincuente que me merece credibilidad cero.

La respuesta de Bandana no se hizo esperar. Comenzaron a aparecer fotos suyas en todo tipo de situaciones: en el aeropuerto, acompañando a Joan Vert en aquel misterioso avión, en la sede de Progreso Social, negociando con representantes de otro país, en una misión diplomática… El presidente comenzaba a tener pesadillas con el tal Bandana.

—Jodrrr, el tío está hasta en la sopa —bramó Sancho, después de despertarse con gotas de sudor perlando su frente.

—¿Qué te pasa, Sanchi? —preguntó Petunia, todavía somnolienta.

—He soñado que Bandana decía que se había reunido contigo en aquel congreso internacional de turismo al que fuiste el año pasado. ¡Menuda pesadilla!

—Ya te digo —respondió ella, mientras ocultaba su sonrojo debajo del edredón—. Tranquilo, solo ha sido un mal sueño.

—Y no solo eso —prosiguió él—. Incluso se descubría que había fotos suyas conmigo en el palacio presidencial. ¿Te imaginas? Y el tío, ahí todo sonriente, sacando pecho, como presumiendo de su amistad conmigo.

—¡Qué cabrón! —dijo Petunia en tono desenfadado, para quitar hierro al asunto—. Tampoco te obsesiones con él, es un don nadie, y no como tú, que has llegado a lo más alto.

—Sí, eso es —respondió Sancho, reconfortado por las palabras de ánimo de su mujer—. Es que ya estoy cansado de ver su cara por todas partes. Me saca de quicio.

—¿Sabes lo que hago yo en estos casos? Me imagino que esa persona que me cae mal es un personaje de cómic. Así, pierde todo su «poder maligno».

—¡Buena idea! ¿Sabes a quién voy a asociar a Bandana? A Wally.

—¿Qué Wally?

—El de «dónde está Wally», ¿sabes lo que te digo? Esos libros en los que hay que buscar a un personaje muy característico, que siempre está escondido en cada página.

—Jajaja, muy apropiado. ¿Dónde está Bandana? Y todos a buscar…

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