«No me molesta que me hayas mentido, me molesta que a partir de ahora no pueda creerte.»
Friedrich Nietzsche, filósofo alemán
La reunión de Sancho con su núcleo duro se preveía tensa e intensa. Un nuevo escándalo salpicaba al gobierno y el equilibrio parlamentario estaba en el alambre. Sin el apoyo de los partidos independentistas, la legislatura podía irse al garete. Con Sancho estaban la vicepresidenta y ministra de Caudales Públicos, Juana Barros; el ministro de Justicia, Alejandro Avendaño; la ministra del Interior, Asunción García; y Damián Riquelme, director del Servicio de Inteligencia.
—El resumen de la situación es el siguiente —explicó Sancho con tono grave—. Los partidos independentistas nos acusan de haber espiado sus comunicaciones desde el gobierno, y amenazan con retirarnos su apoyo
Sobre la mesa, el presidente tenía un folio, con tres círculos y varias flechas entre ellos. Al lado del papel había tres rotuladores de distintos colores.
—Si esto sucede —tachó una de las flechas, mientras los otros tres permanecían atentos a sus movimientos—, quizás podríamos aguantar hasta aquí —dibujó un cuadrado—. Pero tendríamos muy complicada la aprobación de los presupuestos, lo que posiblemente nos llevaría a tener que convocar elecciones.
—Vamos a ver, presidente —intervino Juana Barros—. Podemos prorrogar una vez más los presupuestos. Lo de ser incapaz de aprobar unos presupuestos y tener que dimitir está anticuado, eso son cosas de la vieja política.
—Ya lo sé, yo soy el inventor de la nueva política, de la «post política». Pero, al final, es un hecho que nos costaría mucho sacar adelante cualquier ley. Incluso, con relación a asuntos que les benefician a ellos, ya sabes cómo son. He traído a esta reunión al director de Inteligencia para que os explique de primera mano cuál es la situación actual en este momento, y luego os comentaré algo que se me ha ocurrido.
—Los políticos independentistas han declarado que les hemos espiado a través de un avanzado software, hackeando sus teléfonos —comenzó Damián Riquelme.
—Y ¿es cierto? —inquirió Juana Barros.
—No me gusta contar todos los detalles acerca de las actuaciones que realizamos en Inteligencia —dijo, mirando de reojo al presidente—. Pero pongamos que no difiere mucho de la realidad.
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