24. El máster

«La tarea más difícil en la vida es la de cambiarse a uno mismo.»

Nelson Mandela, político sudafricano

Sancho se hallaba descansando después de un largo día «apagando fuegos» como consecuencia de los diversos avatares que surgían con la crisis ocasionada por el virus. Petunia estaba a su lado, mirando algo en una tableta.

—Qué aburrimiento —dijo ella, mientras se desperezaba en una de las tumbonas del spa—. Sancho, tú, que tienes información privilegiada, ¿cuándo crees que terminará esto?

En la tumbona de al lado, el presidente estaba precisamente mirando los últimos datos que le había pasado Daniel Gimeno.

—Uf, no sé qué decirte, pero la cosa pinta muy mal. Los datos diarios siguen subiendo, y aún falta para que lleguemos al pico de la curva.

 —Es que no hay quien aguante esto de estar encerrados —dijo ella.

—No te quejes. Por lo menos, nosotros tenemos espacio para estar cómodos. Hay muchos conciudadanos que tienen que pasarlo en pisos muy pequeños.

—Sí, claro. Pero, aun así, tengo la sensación de que estamos encerrados todo el rato, no podemos salir de aquí. En fin, cambiando de tema —se giró hacia él—. He estado pensando…

«Huy, peligro…»

—Como sabes, vengo de una familia emprendedora. Y aprovechando mi experiencia y conocimientos, estaba pensando en montar un máster. ¿Qué opinas? ¿Me apoyarías?

Tras unos instantes pensando, Sancho contestó, dubitativo.

 —No sé, ya tienes un buen trabajo, ¿no? Y algún mal pensado podría decir que, siendo la esposa del presidente del Gobierno, mejor que no te metas en nada que pueda tener algún tipo de relación con «lo público».

—No me lo puedo creer —replicó ella—. Hace poco aún estábamos celebrando el Día del Poder Femenino y ahora me saltas tú con estas. ¿Qué pasa? ¿Que la mujer del presidente del Gobierno no puede trabajar?

—Sí, sí, claro. Me has interpretado mal. ¿De qué trataría el máster? De algo de lo tuyo, ¿no?

—Sí, tú no te preocupes —dijo ella, viendo un resquicio abierto—. Yo me encargo de todo, no te molestaré con nada. Como mucho —añadió, melosa— te consultaré alguna cosa, tú, que sabes de todo. Ya sabes, a veces, hablar con alguien es la mejor manera de desbloquear una idea o llevar a cabo un asunto.

—Eso es verdad. Pues nada, encárgate tú, vete haciendo. Pero, si necesitas ayuda, dímelo. Sabes que estaré encantado en colaborar contigo en lo que sea.

Al ver que Sancho era receptivo, Petunia decidió explicarle más a fondo su idea.

—Lo que he pensado es crear un máster de formación para la universidad.

—¿Qué quieres decir con crear un máster de formación para la universidad?

Sancho había aprendido de Manuel Brandt que una fantástica técnica para que alguien se explicara era repetir con una pregunta lo que acababa de decir.

—Te cuento. Esto de la pandemia se acabará algún día, ¿vale? Espero que, con tu buen trabajo, más pronto que tarde. Lo importante no es solo que aprendamos de los errores para el futuro, sino que seamos más resilientes como país, que salgamos más fuertes.

«Que salgamos más fuertes. Me gusta como eslogan, se nota que trabaja en marketing.»

—Uno de los pilares fundamentales para ello es la formación, la mejora de la capacitación de nuestros profesionales.

«Jodrrr, qué bien habla. Todo se pega.»

—De acuerdo, te lo compro. Y todo eso, ¿cómo lo llevarías a cabo? —interrumpió Sancho, que se vanagloriaba de ser un hombre práctico.

—Mira, el máster se llamaría «Transformación social corporativa para mejorar la respuesta ante los nuevos desafíos competitivos».

—Un poco largo el título, ¿no? —bromeó él.

—Sí, posiblemente lo deje solo en «Transformación social corporativa». En lugar de transformación social, había pensado en llamarle progreso social, pero me parece que ese nombre ya está cogido por tu partido, jajaja.

Sancho se rio a carcajadas.

[…]

Capítulo 24

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