El joven dirigente de Progreso Social salió entusiasmado del cine. ¡Menudo subidón de adrenalina! Siempre le habían gustado los cómics de X-Men, pero ver sus aventuras en la pantalla gigante era lo más de lo más.
Durante varios días, estuvo alabando el ritmo de la película, los diálogos, lo conseguidos que estaban los personajes, etcétera, a todo aquel con el que entablaba conversación. Y entre todas sus alabanzas, destacaban las que dedicaba a su personaje favorito, Lobezno.
Tan insistente fue en sus elogios que algunos compañeros comenzaron a llamarle Lobezno, cosa que a él —por supuesto— no le disgustaba. Y así fue como el joven dirigente, que llegó a presidente regional de su partido, fue conocido por dicho apelativo.
Los más fieles a Lobezno destacaban de él no solo su capacidad de diálogo, la búsqueda de consenso o la moderación, sino que también era capaz de «sacar las garras» si era necesario, algo que Sancho comprobaría de primera mano cuando se vieron envueltos en unos sucesos que, cuando menos, resultaban bastante turbios.
***
—¿Le habéis enviado «eso» a Lobezno? —preguntó el presidente a sus colaboradores.
«Eso» era el nombre en clave que Sancho utilizaba para referirse a una información con la que pretendía asestar un golpe a Marisa Catuso, una combativa líder regional del PdP que se había convertido en un dolor de cabeza para él.
—Sí, ya está.
—¿Y lo va a presentar en la Asamblea?
—Dice que tiene dudas, que puede ser problemático si aireamos datos privados de un particular, que sería ir contra el Estado de Derecho.
—Pero este tío qué dice —bramó Sancho—. ¿En serio que ha dicho eso?
—Sí, sí.
—Pero, ¿de qué lado está? ¿De su partido o de la barrosfera?
—Bueno, no sé, es lo que ha dicho. Pero hemos pensado que si «aireamos» primero los datos a algún medio de comunicación amigo, entonces ya no serían datos privados, sino datos ya conocidos a través de los medios.
—Buena idea, parece propia de mí —respondió Sancho, ya más relajado—. Pues venga, que así sea. Y después tenemos que tomar medidas.
—¿A qué te refieres?
—A Lobezno. Se ha atrevido a llevarme la contraria, y eso es algo que no se puede permitir. Con este tipo de cosas, no hacemos más que darle munición a la barrosfera para que nos ataquen con insinuaciones de disidencias internas. Y, como dije en su momento, la última disidencia interna que iba a haber era la mía, cuando me enfrenté hace unos años con la dirección del partido —terminó, con una carcajada.
—De acuerdo. Buscaremos un sustituto y le haremos la cama a Lobezno.
—Eso es. Este se ha creído que es un héroe, pero no sabe a quién se enfrenta —dijo Sancho, entrecerrando los ojos, mientras se imaginaba con un traje azul con una gran S en el pecho, como inicial de su nombre.
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