17. Presentación en sociedad

«La política es el arte de servirse de los hombres, haciéndoles creer que se les sirve a ellos.»

Louis Dumur, escritor suizo

Una noche, Sancho y Petunia estaban viendo la televisión. Después de un largo día de reuniones («una cosa es reunirse y otra, trabajar», recordó que solía decirle su antiguo jefe, Manuel Brandt), Sancho deseaba desconectar un poco, así que habían puesto un programa de humor en el que distintos monologuistas trataban algún tema de forma desenfadada.

—Este tío es buenísimo, me encanta —dijo Sancho sin parar de reír—. «Experto en asuntos americanos» se autodenomina, qué bueno… Hace un perfil de los yanquis desde el humor, pero está muy acertado en muchos casos. Te lo digo yo, que viví allí.

A Sancho le gustaba presumir de vez en cuando de que era un hombre de mundo, algo que a su mujer no le disgustaba, especialmente si significaba que ella iba a viajar con él.

—Tienes razón, cari. Los estadounidenses son muy… así.

Petunia se expresó de manera indefinida a propósito, para dar pie a Sancho. Intuía que había algún asunto que él quería comentar.

—¿Has visto las fotos de Harold Higgs en su gira por Francia?

Higgs había sido elegido presidente de los Estados Unidos dos años antes, con un gran apoyo popular que incluso se había incrementado.

—Oh, sí —exclamó Petunia, quizás con mayor entusiasmo del que desearía Sancho—. ¡Qué elegancia, qué porte, qué saber estar! ¿Te has fijado que todo le queda bien? Tanto si va elegante como sport, parece un modelo. Sus gestos son comedidos, pero expresivos, su cara afable y atenta siempre a su interlocutor… ¡Me encantaría conocerlo!

Sancho pensó por un instante que todos esos piropos que su mujer había dedicado al presidente norteamericano se le podrían aplicar a él mismo, y dudó si hacérselo ver a Petunia. Sin embargo, prefirió seguir con el hilo argumental que estaba trazando.

[…]

Unas semanas después, Alberto solicitó reunirse con Sancho.

—Pasa, pasa, Alberto. ¿Qué me traes?

—Hola, Sancho, he encontrado dos ideas rompedoras. ¿Recuerdas que comentamos que hay cosas que aparentemente no tienen importancia, pero pueden ser fundamentales?

—Sí, continúa.

—Pues he encontrado dos perlas que seguro que van a hacer que subas en popularidad.

—Caray, suena bien. Dime, dime, que me tienes en ascuas.

—Pero mantén la mente abierta, ¿eh? —advirtió Alberto—. Que a lo mejor al principio no te parecen muy allá, pero en cuanto las piensas un poco más, todo encaja.

—Vale, vale —interrumpió Sancho—. Empieza, la número uno es…

[…]

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