23. El Día del Poder Femenino

«El acto más valiente sigue siendo pensar por ti mismo. En voz alta.»

Coco Chanel, diseñadora francesa

—Sanchi, mira lo que tengo.

Él entró en la habitación y observó una gran cantidad de bolsas de una conocida tienda ubicada en la «milla de oro» de la capital.

«Jodrrr, no hay economía que lo resista.»

Petunia estaba frente al espejo, observándose desde todos los ángulos.

—¿Te gusta mi vestido nuevo? Es para el evento del domingo.

—Estás preciosa —confirmó—. Estás deseosa de que llegue, ¿verdad?

—Sí, estoy deseando ir con las chicas y pasárnoslo bien.

Ambos tenían esa fecha marcada en rojo en su calendario. Petunia había quedado con Juana Barros, Lavanda Suárez y otras ministras para pasárselo bien, tal y como había dicho. Pero también para dar un poco más de visibilidad a su papel como consorte (o «con suerte», como bromeaba a veces Sancho) del presidente.

Por su parte, él le daba una gran importancia a la celebración de ese Día del Poder Femenino. Existía una guerra soterrada entre Progreso Social y Consigamos por la definición de la igualdad entre hombres y mujeres, y cómo debía enfocarse la lucha del feminismo. La manifestación del domingo era una reivindicación de sus políticas.

—Sí, yo también estoy deseando que llegue. Va a ser un evento decisivo.

Esa tarde, Sancho se encontraba en su despacho cuando sonó la extensión de su secretaria.

—Señor presidente, tiene una llamada, parece importante. Se trata de Daniel Gimeno, del Centro de Control de Enfermedades Infecciosas (CCEI).

—¿Te ha dicho de qué se trata?

—No, pero ha insistido en que es algo muy importante y que tiene que hablar con usted personalmente.

—Está bien, pásamelo.

«Jodrrr. A veces, en vez de un presidente, parezco un teleoperador. ¡Todo el día al teléfono!»

[…]

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