«Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.»
Baltasar Gracián, escritor español
A Sancho le perseguía desde hace años un debate que había mantenido con unos compañeros de partido, Andoni Rodríguez y Águeda Martínez, cuando los tres aspiraban a liderarlo. En él no había quedado muy claro qué concepto tenía de su propio país.
—El nuestro es un Estado plurinacional.
—Sancho, ¿tú sabes lo que es una nación?
—Sí, por supuesto.
—Y ¿qué es? —insistió Andoni.
—Una nación es un sentimiento que tienen muchos ciudadanos… —balbuceó.
—Entiendo —le interrumpió su interlocutor—. Así que, por ejemplo, si yo me siento alemán, soy alemán, ¿no?
—Si te sientes ligado a la cultura alemana y a sus tradiciones, pues quizás sí, ¿no? En cualquier caso, creo que nos equivocamos de debate si seguimos peleándonos entre nosotros, en lugar de decir qué proyecto proponemos —dijo Sancho, intentando cambiar de tema.
—Hombre, por favor —intervino Águeda, la otra candidata en liza—. Vale que vivamos en un mundo líquido y que haya que respetar las creencias de cada uno. Pero una nación es algo más serio que todo eso. Es una configuración política, hay una soberanía.
—Sí, es posible —respondió Andoni—. Eso, dentro de un concepto moderno de nación. La noción tradicional incluye la pertenencia a un pueblo, la imbricación con unas costumbres, con una lengua propia, y eso no nos lo puede quitar nadie.
Sancho escuchaba atentamente a los otros dos candidatos. Él no tenía claro el concepto de nación ni lo había tenido nunca, era algo que nunca se había cuestionado. Quizás en este debate pudiera aprender algo. Sin embargo, a continuación el moderador propuso pasar a otro tema, evitando esa posibilidad.
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