«No camines detrás de mí; no te guiaré. No camines delante de mí; te seguiré.
Solo camina a mi lado y sé mi amigo.»
Albert Camus, escritor francés
Las negociaciones con los líderes independentistas no resultaban sencillas para Sancho. A pesar de que se consideraba un especialista en este tipo de situaciones, pronto pudo apreciar que sus interlocutores no le iban a la zaga, con un estilo totalmente diferente al suyo.
El presidente optaba por una forma de negociar más clásica: fijando unos objetivos a conseguir y ofertando menos de lo que estaba dispuesto a dar, para luego tener algo que ofrecer a los otros; y ocultando sus cartas en la medida de lo posible.
Por su parte, los nacionalistas siempre habían expresado con claridad cuáles eran sus objetivos. A partir de ahí, establecían metas parciales que iban tratando de cumplir incrementalmente, hasta el final. Ellos lo llamaban «la técnica del fuet». Como en un famoso anuncio televisivo, quizás nadie se comiese un fuet entero; pero, entre todos, loncha a loncha iba desapareciendo, hasta no quedar nada.
Además de los indultos, fueron consiguiendo otros añadidos, como la eliminación de algunos de los delitos que habían cometido, lo que implicaba dos importantes cuestiones para ellos: que automáticamente se beneficiaban los que estuvieran cumpliendo condena (si no había delito, no había pena); y que incluso podrían volver a realizar las mismas acciones, ya que ahora no existía ese delito.
Sancho pensaba que, al concederles todo lo que habían pedido, la negociación había culminado con éxito. Parecía no darse cuenta de que, para sus interlocutores, este era un proceso continuo. Tal y como explicó uno de los líderes independentistas en una reunión del partido, si se había acabado este fuet, había que empezar con otro, hasta terminar con la charcutería entera.
[…]





