04. Llegando a diputado

«Todas las madres quieren que sus hijos crezcan y se hagan presidentes, pero no quieren que mientras tanto se conviertan en políticos.»

John F. Kennedy, político estadounidense

La joven pareja adquirió una vivienda en una ciudad dormitorio de la capital. Mientras él iba progresando a diversos niveles en el partido, ella comenzó a labrarse una carrera en el ámbito del marketing. La vida les sonreía.

Un día, Sancho llegó a casa silbando una canción, se notaba que estaba contento. Petunia lo advirtió y le preguntó el motivo de aquella alegría que destilaba.

—Hoy he conocido a alguien que puede significar un espaldarazo en mi carrera política.

—¿En serio? ¿Tengo que llamarte ya señor alcalde? —dijo ella con una sonrisa.

Sancho y Petunia llevaban tiempo elucubrando con la posibilidad de que él pudiese alcanzar responsabilidades más elevadas. Tras varios años como concejal en la oposición, era tiempo de elevar el vuelo.

—No, no es eso. Es mucho mejor.

—Suéltalo ya, me tienes sobre ascuas. ¿De qué se trata?

—Verás, me han presentado a Joan Vert, ¿sabes? El que fue ministro en el gobierno de Fernández.

—Ostras, ¿sí? Eso es estupendo, pero… ahora ya no manda mucho, ¿no?

—Al contrario, no te creas. Es lo que nosotros llamamos un fontanero. Una persona que se encarga del funcionamiento interno del partido y de determinadas negociaciones que requieren discreción

—¿Y qué tal te ha ido con él? —preguntó Petunia, apoyando la cabeza sobre las manos, como muestra de interés.

—Pues genial. Figúrate que me ha dicho que lleva tiempo siguiendo mi trayectoria y me ha preguntado si quiero incorporarme a su equipo. Y no solo eso, además… —Sancho hizo una pausa para darle más emoción.

—Además, ¿qué?

—Me ha dicho que hay posibilidades de que llegue a ser diputado.

—Pero eso es sensacional. ¿Y cuándo se concretaría?

—De momento le voy a decir que sí y me voy a unir a su equipo de trabajo. Tiene grandes planes para mí, y si hago una buena labor…

—Vale, vale. Pero ¿sabes cuándo serás diputado?

—No es tan fácil. Primero tiene que quedar una plaza vacante, ¿sabes? Como cuando me hice con el puesto de concejal. Pero me ha dicho que, en lo que esté en sus manos, la primera que quede libre será para mí.

—Qué bien, cari. Es un premio a lo bien que lo estás haciendo.

[…]

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