El regalo

Sancho entró en la parte privada del palacio presidencial, después de un largo día de trabajo, repleto de reuniones con «los istas».

«Primero los sindicalistas. Luego, los independentistas. A continuación, las feministas. Más tarde, los animalistas. Después, los ecologistas… Jodrrr, menudo día. Y todos, sin excepción, a pedir dinero para sus cosas… A ver si se piensan que soy el Banco de España

Mientras se dirigía al salón, sumido en sus pensamientos, percibió una alegre música de fondo, a un volumen bastante elevado. Además de la propia cantante, alguien la entonaba por encima, con más o menos destreza.

«Esa es Jennifer López —pensó Sancho con una sonrisa, al caer en la cuenta de la intérprete (se consideraba a sí mismo un gran melómano)—. Y la que está de karaoke debe ser Petunia.»

Al llegar al salón, constató que, efectivamente, era su mujer la que estaba dando rienda suelta a sus dotes como artista, cantando —a todo pulmón— Y el anillo pa’ cuando, al mismo tiempo que realizaba una especie de coreografía. Al ver a Sancho, interrumpió su actuación y paró la música con el mando a distancia que estaba utilizando de «micrófono».

—Hola, Sanchi. ¿Qué tal ha ido el día?

—Un rollo, la verdad. Reunión, tras reunión, y todas aquí, además. Ni siquiera he podido darme una vuelta en el avión, ni nada —explicó, mientras se ponía cómodo en el sillón y activaba el programa de masaje lumbar.

—Te entiendo. La gente piensa que ser presidente del Gobierno es un chollo. No tienen ni idea de lo que se sufre, ¿verdad?

—Ya te digo. Deberíamos hacer una serie en Netflix para contárselo a todo el mundo.

—Por cierto, ¿has visto lo del presidente de Corea?

—¿Kim Jong-Un? No hagas caso. Sea lo que sea, Corea del Norte lleva muchos años viviendo en una realidad paralela.

—No, no, me refiero al de Corea del Sur.

—¿Qué ha pasado? Ya te digo que, con tanta reunión, hoy no he parado ni un minuto.

—El tío ha declarado la ley marcial, por los ataques que sufre la democracia por parte de la oposición.

—Ostras, qué fuerte. Parece que los de la oposición de nuestro país no son los únicos «poco democráticos». ¿Y qué efectos tiene?

—Pues se prohíben las reuniones políticas y las publicaciones de los medios de comunicación quedan bajo el control de la junta.

—¡Menuda idea! Quiero decir, que qué fuerte, ¿no?

—Pues a mí me parece muy romántico lo que ha hecho.

—¿Romántico? ¿Qué quieres decir? —preguntó Sancho, con cara extrañada, ante este inesperado giro de la conversación.

—Verás, al parecer, la cosa comienza con que a su mujer, la primera dama, le regalaron un bolso, lo cual ocasionó un escándalo, ya que la oposición la acusaba de corrupción.

—¿Un bolso, dices? Pero, vamos… Eso es el chocolate del loro. ¿Cómo se va a corromper a alguien con un bolso?

—Bueno, era un bolso de Dior. Muy bonito, por cierto. Yo le tengo echado el ojo desde hace tiempo. Lo que pasa es que ahora no tengo liquidez, que si no, ya lo hubiera comprado.

—Y, al final, eso que ha hecho el presidente de Corea, ¿ha triunfado? ¿Se ha salido con la suya?

—Qué va, la oposición ha conseguido tumbar su medida, e incluso se habla de que tiene que dimitir o ser sustituido.

—Jodrrr, menos mal que estas cosas aquí no pasan.

—Ya, bueno, que nos desviamos del tema —respondió Petunia—. Te decía que era un gesto muy romántico, y que el bolso era muy bonito. Sancho, ¿y el bolso pa’ cuando?

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