Sancho y Petunia se hallaban dando cuenta del desayuno en el comedor del palacio presidencial. Sobre la mesa tenían tostadas de diversos tipos de pan, aceite de oliva virgen extra, tomate, tres variedades de mantequilla, ocho sabores de mermelada, fruta de todo tipo, jarras térmicas con café, leche y agua, además de un amplio surtido de infusiones y una gran recipiente con zumo de naranja recién exprimido.
Mientras almorzaban, ambos aprovechaban para dar un repaso a la prensa que el asistente de palacio había dispuesto para ellos. Petunia salía en una revista de moda y fantaseaba con ser influencer en el futuro, mientras Sancho se preguntaba por qué todavía no le habían propuesto ser el presidente de la Unión Temporal de Estados Europeos, dada su impecable trayectoria como líder político mundial.
—Petu, ¿te has dado cuenta que soy pionero en muchos ámbitos? He sido el primero en triunfar en una moción de censura, el primero en ganar unas primarias contra la dirección del partido. Incluso el primero en amnistiar a otros políticos, en aras de la concordia del país.
—Sí, tú siempre has sido el número 1, Sanchi. ¿También lo eras en la facultad? ¿Fuiste el número 1 de tu promoción?
—Ya sabes que no me gusta presumir —respondió él, con voz engolada—. Pero no te voy a decir que no lo haya no sido —añadió, de manera deliberadamente críptica.
—Y no te olvides de que también eres el primer presidente con una mujer imputada —dijo ella, que no quería quedarse fuera de la ecuación—. Y todo, por culpa de esa barrosfera, que no para de intentar mancharnos de fango.
—Sí, es cierto —contestó él, con un suspiro—. A pesar de todos mis esfuerzos, hay gente que no aprecia en su justa medida tener un presidente como yo. Soy como la luz, solo se darán cuenta cuando les falte.
***
Mientras la pareja presidencial desayunaba, otros integrantes del gobierno ya estaban trabajando, aunque no necesariamente en aras del interés público.
—Grandullón, ¿qué tal va la gestión que te encomendé para ayudar a la empresa de transportes?
—No te preocupes, Brillante. Va todo según lo esperado.
—El jefe de la empresa está nervioso, no vemos avances. ¿Estás seguro? El tiempo se agota. Si nos retrasamos mucho, van a tener que decretar suspensión de pagos o ir a concurso. Nos estamos jugando las habichuelas. Las nuestras, y las de mucha gente. ¿Eres consciente de la gravedad del asunto?
—Sí, sí, no te preocupes. El Jefe está en ello.
—Además, no podemos fallar, tenemos un historial de actuación impecable. Si demostramos que somos capaces de gestionar este tipo de arreglos, nos vendrán más. Y, por el contrario, si la fastidiamos, se nos acaba el chiringuito. Hay que apretar a fondo.
—No te preocupes, hablo con El Jefe y te llamo.
***
—Brillante, ya he hablado con El Jefe.
—¿Qué te ha dicho?
—Dice que ha hablado con El número 1 y que todo se va a resolver, que estéis tranquilos. Que algunas cosas llevan un poco de tiempo, incluso para él, pero que no hay que preocuparse.
—Estás seguro, ¿no? Tengo que hablar ahora con el de la empresa de transportes, y no quiero darle falsas esperanzas.
—Sí, sí, seguro. Mira, te voy a enviar un pantallazo de la conversación. El número 1 ha dicho que «bien» a la propuesta que le ha hecho El Jefe.
—Vale, vale, ya me quedo más tranquilo. Sigue haciendo así tu labor, que el buen trabajo siempre tiene su recompensa.
Contenido Extra: El número 1
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