—Saaaaanchiii.
«Oh, oh, peligro. Si me llama Sanchi es que algo quiere».
—Dime, Petunia.
—Quizás puedas ayudarme. Bueno, seguro que puedes. Resulta que los del PdP han organizado una comisión de investigación en el parlamento regional y me han citado.
—¡Qué desfachatez! Y no lo digo por lo fachas que son, jajaja. Me refiero a lo que les gusta retozar en el fango.
—Pues sí, la verdad. El caso es que tengo que prepararla antes de ir. Ya me he comprado un traje negro para la ocasión, para que entiendan que para mí es como ir de luto, lo de tener que soportar unas acusaciones tan injustas.
—Buena idea, la imagen es importante, siempre lo digo. Es un mensaje que se entiende bien, se nota que eres una experta en marketing.
—Sí, ¿verdad? Bueno, a lo que iba, el abogado me dice que no responda a nada de lo que me van a preguntar, para evitar problemas.
—¿Y eso no resultará sospechoso? Seguro que habrá quién diga que es porque tienes algo que ocultar.
—Sí, malpensados siempre los hay en todas partes, pero especialmente en la barrosfera. No tenemos nada que hacer contra eso. Pero es preferible no decir nada, que darles munición por algo que ellos quieran malinterpretar.
—No sé, a ver… ¿Qué te van a preguntar?
—En realidad son cuestiones sencillas, todas tienen una explicación. Cosas como si no me resultaba raro dirigir una cátedra sin tener titulación, si me he quedado con un software que se creó para la cátedra, o si las empresas que lo diseñaron lo hicieron para mí por ser tu mujer? ¿Te lo puedes creer? Es el machismo de siempre. Que una no puede conseguir las cosas por lo que vale, sino por ser «mujer de».
—Sí, bueno —dudó Sancho—. Lo mejor será hacer caso al abogado y no responder a nada. En estos casos, mejor dejarse guiar por los expertos.
—Hablando de expertos, precisamente, como te decía, te voy a pedir tu ayuda para crear mi alegato.
—¿Tu alegato?
—Sí, me ha dicho el abogado que, si acaso, aproveche que tengo el micrófono para dejar unas cuantas cosas «claritas». Y después ya me quedo muda, mudita.
—Sin problema. Sí que es verdad que soy un experto, no hay más que ver el éxito que tuvieron aquellas cartas que hice para hablar con la ciudadanía. Y también lo soy en comisiones… De investigación, me refiero, ¿eh? Jajaja.
—A eso me refiero. Yo he pensado en hacer hincapié en que llevo muchos años en esta profesión, ¿vale? Hace mucho que me dedico a esto de captar fondos públicos. O sea, que mi marido sea presidente del gobierno no tiene nada que ver. Pero tampoco me puede perjudicar para desarrollar mi carrera, ¿no?
—Claro, eso es. A ver si no vas a poder trabajar, ¿qué se creen? Está muy bien, yo solo añadiría algunos aspectos para resaltar lo que están haciendo.
—Dime, dime.
—Diría que todo esto tiene un claro objetivo político, que es atacarte a ti como esposa del presidente del gobierno, para erosionar a las instituciones del Estado. Y que no hay más que ver quién hace las denuncias, y la colección de bulos y fango que han acumulado a nuestro alrededor, que están basadas en nada. Son un «no caso».
—Y que la verdad, más pronto que tarde, prevalecerá —añadió Petunia.
—Así será. Le pese a quien le pese —zanjó Sancho.
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